AL FILO DE LA LLUVIA Poesía del Perú y de todo el planeta Tierra

                             EUGENIO MONTALE 



Dolor de vivir


Frecuentemente hallé el dolor: vivir

era el riachuelo estertoroso, agónico;

la llama retorciéndose en la pira;

el cabello en la ruta, inútil, roto.

Placer no conocí. Sólo el milagro

que obra la divina indiferencia:

la estatua erguida entre la somnolencia

tórrida, con la nube y el milano.


Versión de Carlos López Narváez



                     

 


Encuentro


No me abandones tú, tristeza mía,

sobre el camino

que azota el viento extraño

con su cálido soplo, y cede; cara

tristeza al viento que se extingue: y empujada

por éste hacia la rada,

donde la última voz exhala el día,

viaja una niebla, alta se pliega un ala

de cormorán.

El tajo al lado del torrente, estéril

de aguas, vivo de piedras y argamasas;

tajo de humanos actos consumidos,

de mortecinas vidas declinando

más allá del confín

que en círculo se cierra: rostros secos,

manos, caballos en hilera, ruedas

chirriantes: vidas no: vegetaciones

del otro mar que la oleada vence.

Se avanza en el camino de cuajado

Iodo sin rastro

como una procesión de encapuchados

bajo la rota bóveda, caída

casi hasta reflejar escaparates,

en un aire que envuelve nuestros pasos

denso e iguala los sargazos

humanos fluctuando en las cortinas

de bambú murmurante.

Si me abandonas tú, tristeza, único

presagio vivo en este nimbo, siento

que alrededor de mí se extiende

un rumor como de esferas cuando

una hora está próxima a sonar;

y caigo inerte en la apagada espera

del que no teme ya

en esta orilla sorprendida por la ola

lenta, que no aparece.

Tal vez vuelva a tener una apariencia:

en la rasante luz

un movimiento me conduce junto

a una mísera rama que en un tiesto

crece sobre una puerta de hostería.

A ella tiendo la mano, hacerse mía

siento otra vida, huella de una forma

que me fue arrebatada; y como anillos

en los dedos no hojas se me enroscan

sino cabellos.

Y nada más después. ¡Oh sumergida!:

desapareces como habías venido

y nada sé de ti.

Tu vida es tuya aún: entre las raras

vibraciones del día ya esparcida.

Ruega por mí,

para que yo descienda otro camino

distinto de una calle de ciudad,

en el aire perdido, ante el tropel

de los vivos; que te sienta a mi lado, que

descienda sin ruindad.


Versión de José Ángel Valente

 

Poeta, periodista y crítico musical italiano nacido en Génova en 1896.

Interrumpió los estudios secundarios para estudiar canto, y luego sirvió

como oficial de infantería en la I Guerra Mundial. Cuando decidió

dedicarse a la poesía ya era un intelectual de vasta cultura que alternaba el

gusto por la lectura de los grandes novelistas del siglo XIX, con la pintura

y la música.

En 1939 sus manifestaciones antifascistas le valieron la suspensión por

parte del gobierno como director del Gabinete Vieusseux.

Eugenio Montale  nació en Génova en 1896 y murió en Milán en 1981. Obtuvo  el Premio Nobel de Literatura en 1975. Libros de poesía: Huesos de sepia (1925), Las ocasiones (1939), El vendaval y otras cosas (1956), La mariposa del café de la plaza (1956), Satura (1971) ,Treinta y dos variaciones (1973) y  Altri versi" (1981).


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